Si ignoras esta parte de ti, te ignoras a ti
Puede que este término, el de Niña/Niño interior, te suene extraño, raro, indiferente, o totalmente lo contrario, familiar, conocido, cotidiano.
Poco importa. Porque lo importante es identificar a lo que se refiere el término, citado por lo general en masculino, como Niño interior. Eso también poco importa pero para que el tema resulte inclusivo, hago referencia a Niña/Niño interior.
Imagínate una criatura pequeña, sea bebé, en sus primeros añitos, un poquito mayor, en edad escolar… pues a esa etapa (etapas) hace referencia el término, no solo a las heridas emocionales y los traumas sino a todo su potencial.
Te puede parecer algo imaginario, una tontería. Así es como posiblemente piensan las personas adultas agriadas, cínicas, sarcásticas, desconfiadas o demasiado confiadas, con dificultad para amar y/o ser amadas, dependientes o independientes en exceso. Las personas adultas susceptibles, las que reaccionan de más frente a un evento, las que no se hallan, las que se sienten confusas, perdidas, adictas a lo que sea.
El listado podría seguir. Todo para dar un breve acercamiento a lo que supone la composición Niña/Niño interior, de la que tratan las dos publicaciones de la imagen que tras varios meses de lectura y reflexión, he finalizado llegando a una conclusión contundente: ¡Hay que ocuparse de esto!
Ocuparse de la Niña/del Niño interior
Es esta parte del asunto la que puede confundir. Porque tal vez imagines mucho trabajo por delante.
Y es cierto que hay trabajo que hacer para calmar el grito desgarrador, el dolor, la pena, la confusión, el sentimiento de inseguridad y desprotección, el no entender, de esa parte (partes). Pero no es un trabajo, ¡es un reencuentro!. O directamente, un encuentro con lo más bello que existe que es eso tan tierno, puro, inocente, amoroso, curioso.
Es realmente encontrarse plenamente consigo. Con lo que fue, pero sobre todo, con la necesidad real no cubierta para elaborarla y devenir un ser completo, de verdad, adulta/adulto, con todas sus posibilidades.
Pensar que tal labor es pesada, cansada, bochornosa, dolorosa, agotadora, es renunciar a una vida sana -emocionalmente y psicológicamente hablando- y plena.
Y es precisamente eso, esa pereza, esa desidia, ese apego a la identidad actual, lo que hace que las personas adultas permanezcan en los roles de siempre, en los males de siempre, las actitudes de siempre.
Por qué tanta dificultad en conectar con lo genuino
Hubo una vez, cuando nacimos y teníamos todas las posibilidades, en potencia, al frente, como una especie de paraíso, que por las circunstancias y los eventos que se dieron fuimos configurándonos un carácter, una personalidad, un personaje (en realidad, varios), una máscara (varias), una explicación de las cosas, del mundo, de las personas, de la figuras que nos cuidaban (o mal cuidaban). Y así, fuimos descartando opciones del menú que teníamos al nacer.
Y se constituyó nuestro guión de vida: «Soy despreciable», «Soy increíble», «La gente es buena», «La gente es mala», «Todas las mujeres son…», «Todos los hombres son…». Por supuesto, un larguísimo etcétera, que nos llevó a percibir e interpretar las experiencias, a sí y las personas según el dictado del guión.
Y se generaron patrones de conducta, algunos muy saludables, otros pésimos.
Pero lo peor de la situación es que la adulta, el adulto, se cree esos argumentos que se montó por supervivencia, porque no daba para más su capacidad cognitiva en el momento. Se cree eso que se contó -o le contaron- en el sentido que sea, fantástico, ideal, o detestable, inadmisible.
Se formó eso a lo que llaman ego. O identidad. Eso que decimos que somos… O no lo decimos, no lo identificamos, pero funcionamos en base a esos patrones inconscientes que se constituyeron.
Y si te pones, existe una realidad diferente
Sí, solo si te pones en ello.
Si haces el esfuerzo de escuchar, ver, qué pasa dentro tuyo. No alrededor tuyo, no lo que dice alguien y el daño que te provoca, sino qué pasa dentro tuyo, en tu momento adulta/adulto actual con pleno derecho, cuando alguien dice algo importuno, inadecuado, injusto, cruel, y despierta una reacción exacerbada en ti.
Porque es ahí, en ese justo momento -que para algunas personas se da montones de veces al día- cuando descubres que algo dentro de ti grita, o se asusta, o se siente en inseguridad y desprotección. Entonces tienes la opción de identificar que es eso.
Entonces toma todo su sentido el término Niña/Niño interior.
Entonces puedes empezar a crear -sí, crear- una realidad interna diferente que tendrá una repercusión total en tu vida adulta. Es solo entonces que alcanzamos realmente, en su sentido literal, el estado adulto.
Las publicaciones de la imagen son todo un recorrido por este espacio, con un montón de información, de pautas y ejercicios para llevar a cabo, si se quiere, para construir esa realidad anhelada, para volver al paraíso. Porque en la infancia que tuvimos muchas y muchos, nos quedamos a medias (o a cuartos).
El cambio no es fácil, ¡o sí!
Es cierto. Cualquier cambio requiere un entreno, un hábito. Este es uno más.
Para mí, el que merece invertir energía, atención, dedicación.
No es difícil. En mi caso, en la práctica diaria de meditación, por ejemplo, dedico un tiempo a visualizar cada una de esas partes y dedicarle una afirmación con la intención de cuidarla y protegerla. Además de tenerlas presente durante el día y sobre todo, de darme cuenta cuando me olvido de nutrir esa parte necesitada y exijo que otros actúen según lo que esa vocecita, ese sentir, está manifestando.
Desde la parte adulta en pleno derecho no me queda más que buscar los medios, las formas, las personas, los espacios, para facilitar la completitud de lo que quedó a medias (o a cuartos).
Títulos de las publicaciones
- Recuperar el niño interior, Ed. Kairós, trata de una serie de artículos de diversos autores, recopilados por capítulos.
- Volver a casa, John Bradshaw, Ed. Gaia, da mucha información, pautas y ejercicios a realizar.
Por supuesto, hay muchísimos libros más sobre este tema. Por ejemplo, los referenciados en el primer título indicado.
Como anécdota, comentar que cuando facilitaba retiros de Sana las heridas de tu Niña/Niño interior, me daba cuenta que un buen número de personas pasaban de la parte niña herida a la parte adolescente rebelde. Fue uno de los motivos por los que dejé de facilitar esos retiros, un fin de semana no alcanzaba para abordar la temática, además de que movilizaba muchas emociones que no podía contener en ese contexto.
¡Feliz lectura, feliz trabajo personal, feliz camino hacia la completitud!
Mª Rosa Parés Giralt